Cuando la intuición sana (I parte)

Hoy me voy a desnudar ante vosotros, voy a abrir una ranura de mi alma para contaros la experiencia tan maravillosa que ha sido conocer a una mujer muy especial. Melanie Clark es terapeuta, precursora de la Técnica de Intuitive Healing, un término que tiene mucho sentido en mi vida desde hace pocos días. Además dirige la escuela Melanie Clark Center donde aportan una calidad de formación a través de terapias alternativas que buscan el equilibrio físico, psíquico y emocional del individuo y por consiguiente su evolución personal.

Conocí a Melanie por casualidad, en un taller de aromaterápia. Ya sabéis que los hilos del universo se mueven para que ciertas personas se crucen en tu camino y te cambien por dentro. Yo sufro de ansiedad desde hace muchos años y ella  me aconsejó acudir a una de sus terapias de Intuitive healing. Allá que fui, sin pensármelo, con un nudo en el estómago y otro en el corazón, pero como me dijo ella “no tienes nada que perder”.

Melanie Clark_intiutive healing

Al entrar en la sala, me relajé gracias al olor a cítricos que flotaba en el ambiente y a la luz ténue que envolvía la habitación. Nos sentamos frente a frente y se “conectó” a mí. Sí, como suena. Dejó que su energía y la mía se fundieran en una sola y de esta forma empatizar conmigo. Tras un intenso cuestionario, en el que te abre de ariba abajo para mirar en tu interior, Melanie ya tenía suficiente información para comenzar con su trabajo y colocar las piezas en su sitio. Mi sesión no pudo ser completada porque yo llevaba mucho lastre encima, emociones y experiencias negativas que arrastraba desde hacía muuchos años. En palabras de Melanie “Tengo que vaciar el contenedor de mierda para que podamos avanzar”. Por supuesto este contenedor se encontraba en el plexo solar y de ahí mi tediosa ansiedad pasajera. De modo que me tumbé en la camilla bocarriba y con los ojos cerrados me dejé en sus manos. Poco a poco iba notando como el nudo del estómago desaparecía y el del corazón también. Con sus manos arrastraba mi energía negativa acumulada y la echaba fuera, me limpió. De pronto no había nudos ni presiones, a cambio me dejó un vacío que poco a poco se convirtió en un hambre inmensa, la cual aproveché para disfrutar de una buena cena bien merecida.

Me explicó muchas cosas sobre mí y mis circunstancias, cosas que me guardo para mí porque siento que si las cuento se escapan, y en el fondo me hicieron sentir muy especial. Aprendí que en esta vida hay que dejarse llevar y fluir con ella, que debemos dejar que nos ponga lo que tenemos que vivir y lo más importante, tenemos que confíar en que siempre, siempre, suceden las cosas para bien.

Al finalizar me preparó un gotero con flores de Bach, de Findhorn, y me invitó a tomarme unas gotas cada día para proteger mi psique y ayudarme a calmar mis miedos.

En unos 15 días la volveré a ver y no sé muy bien qué sucederá en esa habitación, lo que es seguro es que me hará vibrar y encontraremos entre las dos, las piezas que me faltan para estar en paz y sentir el equilibrio pleno (físico, espiritual y emocional).

Sé que hay muchos escépticos por aquí pero yo cuento, ni más ni menos que lo que viví. Melanie, sus manos, la bioenergía, mis bloqueos energéticos, mis chacras desalineados, su serenidad, mi energía etérea, sus manos otra vez…

En febrero vuelve a Madrid, a The Lab Room (Lagasca, 63) 91 431 21 98. Puede que ya tenga la agenda llena, pero seguro que si la buscas tendrá un huequito para quien la necesite.

 

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